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viernes, 10 de agosto de 2012

donde esta el culpable

Sofia buscó en el bolsillo para ver si llevaba dinero encima. Si, por lo menos tenia una moneda de una corona.
-¿Cuanto cuestan?
-Una corona
Sofia dio la moneda a la niña, y se quedó parada con la caja se fósforos en la mano.
-Eres la primera persona que me ah comprado algo en mas de cien años. Algunas veces me muere de hambre, y otras me muero congelada.
Sofia pensó que no era extraño que no vendiera fósforos ahí en el bosque, pero luego se acordó del rico hombre de negocios al que acababa de ver. No era necesario que esa niña muriera de hambre, cuando ese hombre tenía tanto dinero.
-Ven aqui- Dijo sofia
Cojio a la niña de la mano y la llevo hasta el rico hombre de negocios.
-Tendrás que procurar que esta niña tenga una vida mejor- Dijo.
El hombre, sin levantar apenas la vista de los papeles, contesto:
-Eso cuesta dinero, ya te eh dicho que no quiero perder una sola corona.
-Pero es injusto que tu seas tan rico y que esta niña sea tan pobre- Insistió Sofia
-¡Tonterias! La justicia solo se practica entre iguales.
-¿Que quieres decir con eso?
-Yo empece con las manos vacías, tiene que merecer la pena trabajar. ¡ESO ES EL PROGRESO!
-¡Por favor!
-Si no me ayudas me moriré- Dijo la niña pobre.
El hombre de negocios volvió a levantar la mirada de los papeles y golpeó la mesa con su pluma.
-No eres una partida en mi contabilidad. Vete a la casa de beneficencia.
-Si no me ayudas, incendiaré el bosque- Prosiguió la niña pobre.
Finalmente el señor de detrás del escritorio se levanto, pero la niña ya había encendido un fósforo y lo había acercado a unas pajas secas, que empezaron a arder instantáneamente.
El hombre rico levanto los brazos.
-¡Socorro!- Gritó - El gallo rojo esta cantando.
La niña le miró con una sonrisa burlona.
De repente habían desaparecido la niña, el hombre de negocios, y el escritorio. Sofia se quedo sola, pero las llamas ardían cada vez con mas intensidad en la hierba seca. Intentó ahogarlas pisándolas, y al cabo de un rato había logrado apagar todo.
-¡Gracias a Dios!- Sofia miró las hierbas ennegrecidas. En la mano tenia una caja de fósforos.
¿No habría sido ella misma la que provoco el incendio?